Ciudades sostenibles, la solución vital a los problemas actuales y futuros


Cada vez es más evidente que las ciudades inteligentes, sostenibles, conectadas y que se optimizan utilizando tecnología son la solución más viable para contener y reducir las repercusiones que la urbanización causan al planeta, tanto las ambientales como las socioeconómicas.


Es innegable que las ciudades son el motor de la economía moderna; más de la mitad del mundo ahora vive en áreas urbanas y la urbanización continúa dando forma a la trayectoria del crecimiento global de una manera sin precedentes. Las ciudades representan los mayores logros de la humanidad y también sus mayores desafíos, puesto que la desigualdad, la contaminación e incluso su mal diseño promueven la migración de sus habitantes.


Ciudades inteligentes


Una smart city o ciudad inteligente es aquella que utiliza la tecnología y la innovación aunadas a sus recursos para hacer de ella una ciudad eficaz, sostenible y que ofrece calidad de vida a sus habitantes.


Muchas ciudades en el mundo tales como: Nueva York, Barcelona y Londres echan mano del Internet de las Cosas, el big data, la Industria 4.0, la conectividad y de aplicaciones móviles para mejorar su eficiencia logrando contribuir a mejorar el medio ambiente, optimizar los servicios públicos, mejorar la transparencia de su administración, retener empresas y atraer inversiones. Estas ciudades cuentan con infraestructuras para disminuir su consumo energético y reducir las emisiones de CO2, pues trabajan con fuentes alternativas de energía, medios de transporte y vehículos eléctricos, así como otras medidas ecológicas que refrendan su compromiso con el medio ambiente.


Además, poseen una gestión racional e integral del espacio urbano y de los recursos naturales, utilizan redes de comunicación, sensores y sistemas inteligentes para crear bases de datos que ayudan en la prevención y solución de problemas aprovechando herramientas digitales y plataformas interactivas que mantienen conectados al gobierno y los ciudadanos mediante una plataforma para una comunicación efectiva y atención inmediata, tanto para su seguridad como para la realización de trámites.


En franco crecimiento


Se espera que para el año 2050, el 66% es decir dos tercios de la población mundial habitará las ciudades, es por ello que se debe apostar por la sostenibilidad y la sustentabilidad ambiental, social y económica.


Es cierto que no existe un modelo único de estas ciudades, ya que cada ciudad tiene necesidades, economía e infraestructura específicas. Sin embargo, sí existen objetivos en común, como la sustentabilidad, el cuidado del medio ambiente y ofrecer una mejor calidad de vida a los ciudadanos.


Es por todo lo anterior que creemos que las smart cities tienen un lugar decisivo en la configuración política internacional de la próxima década; su importancia económica, su crecimiento y dinamismo podrían ser la clave para resolver los retos que enfrenta no sólo un país, si no todo el planeta, a través de nuevos modelos de cooperación y colaboración.


Sostenibilidad: Lo que estamos aprendiendo de la crisis del Covid-19



“No hay mal que por bien no venga”, podría ser una bonita forma de resumir la gestión de esta crisis sanitaria a nivel global por parte de un gran grupo de organizaciones y profesionales en la lucha diaria contra la crisis del Covid-19.


Durante estos días de confinamiento, el tráfico de grandes ciudades como Madrid y Barcelona se ha reducido en torno a un 60%, la demanda energética también ha caído y el precio del crudo, por supuesto, también lo ha hecho. Todo esto tiene dos lecturas: el descenso inevitable de la contaminación, situándose en mínimos históricos; y la aportación de empresas, como Naturgy, que, en este contexto no muy favorable, declara que proporcionará luz y gas gratis a los hoteles y residencias que cedan sus instalaciones para luchar contra el coronavirus. (https://www.europapress.es/economia/energia-00341/noticia-naturgy-dara-luz-gas-gratis-hoteles-residencias-cedan-instalaciones-contra-coronavirus-20200320104846.html)


Estos días que llevamos confinados han provocado, también, un descenso de las emisiones de CO2 y, paradójicamente, esto nos está dando un respiro, oxígeno limpio, ¡por fin! Y no sólo a nuestro país, también al planeta. Esto constituye solo una pista de lo que somos capaces en caso de una posible catástrofe de mayor envergadura, con peores consecuencias, si cabe, como podría llegar a ser la provocada por el cambio climático, según lleva años vaticinando la comunidad científica y los modelos climáticos.


Con este panorama global, ¿Cómo podríamos estar asistiendo a un cambio en el modelo de organización? ¿Hemos aprendido del pasado y estamos aplicando modelos de reestructuración más responsables que los de entonces? Y la respuesta a esta pregunta, parece que muchas empresas ya lo estuvieran poniendo en práctica, ante la posible declaración de una nueva crisis económica. Resulta imperativo entonces la conectividad de las personas, para así poder realizar: teletrabajo, recibir asistencia médica, pero en particular seguir preparando a las nuevas generaciones en la parte académica.


La COVID-19 (coronavirus) refuerza la necesidad de conectividad


Mil quinientos millones. Esa es la cantidad de niños que deben tomar clases en línea por causa del brote de COVID-19 (coronavirus). Mientras que algunos padres se preocupan por la calidad de la educación que sus hijos reciben en un mundo que se ha vuelto virtual, para millones de otros niños que carecen de conexión, la educación en línea no es ni siquiera un sueño lejano. Para quienes no tengan acceso a Internet, el impacto social y económico de la pandemia es incluso más profundo.


En la lucha contra el nuevo coronavirus, las tecnologías digitales son fundamentales. Los países que no cuentan con infraestructura de banda ancha generalizada se están preparando para lo peor. Pensemos en África, donde el 60% de la población no tiene acceso a redes 4G, o en países como Indonesia, donde lo habitual siguen siendo las redes 2G. A medida que la duración de la crisis se extienda y las pandemias de este tipo se hagan más comunes, algunos países quedarán rezagados. La implementación de soluciones digitales de atención de la salud para detectar el COVID-19 puede salvar vidas, y también será importante para proteger a los países contra futuras pandemias.


No podemos permitirnos la autocomplacencia: los Gobiernos, los donantes y el sector de las telecomunicaciones deben hacer lo posible por conectar a quienes no están conectados. Si hay algo que esta crisis sin precedentes ha demostrado, es que la conectividad es un bien público y esencial.



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